Glorieta dedicada a Segisama, primer asentamiento humano de esta región, un oppidum turmogo erigido en el Cerro Castarreño en la II Edad del Hierro (siglos V-I a.C.). Desde esta colina, Segisama controlaba las fértiles tierras bañadas por los ríos Odra y Brúlles, que eran atacadas por los cántabros para robarles su producción agraria. Ante esta situación, el pueblo de los turmogos pidió ayuda a sus aliados de la República Romana, que a finales del siglo I a.C. gobernaban toda la Península Ibérica (a través de conquistas o alianzas), menos a los pueblos del norte: cántabros y astures. Con esto estallarán las Guerras Cántabras (29-19 a.C.), y la República Romana levantará el campamento base de Segisamo cerca del Cerro Castarreño (a unos 30 kilómetros al sur de Amaya, la ciudad más meridional de los cántabros). Al frente de este cuartel se encontraba Octavio Augusto, primer emperador de Roma. La plaza cuenta con una estatua de Augusto del artista local Salaguti, con la siguiente inscripción en latín: “ipse venit Segisamam, castra posuit” (El mismo César Augusto vino a Sasamón y puso aquí su campamento).
Tras la guerra con victoria romana, el campamento será desmantelado y surgirá la ciudad romana de Segisama Iulia.