
Estás admirado, estimado visitante, uno de los más bellos ejemplos de arquitectura civil de La Rioja. Alegra tu vista con esta espléndida fachada que, aunque sin terminar, nos muestra la pujanza económica del Fuenmayor del Siglo XVIII y aspira el aroma de historia, de nobleza y de orgullo que rebosan sus sillares.
Y entre esos aromas mezclaremos el de la canela, ya que esta calle, actualmente del palacio, se llamaba originariamente calle de La Canela porque en ella había huertos en los que se cultivaba esta aromática planta, un nombre que se recuperó para otra calle en una nueva urbanización.
Este palacio fue comenzado, aunque nunca finalizado, en el siglo XVIII por los Marqueses de Terán, rama de la familia de los Medrano. Admira este espléndido edificio con interés por los cuatro costados, pero con una fachada con balcones y galería corrida en la planta superior en el que destaca la complejidad y simetría de la composición arquitectónica
Adquirido más tarde por D. Francisco Antonio de Tobía y Ubago, un rico ganadero, perteneciente al “honrado concejo de la Mesta», serrano de Mansilla que baja a Fuenmayor y se hace con una amplia hacienda vitícola. Fue el impulsor de la Real Junta de Cosecheros, que se reunía en este palacio desde 1788.
El rey la toma bajo su protección ese mismo año y sus estatutos fueron aprobados por el Consejo de Castilla en 1792. Englobaba a “los 52 pueblos de la Rioja Castellana comprendidos en los corregimientos de Logroño a La Calzada con Miranda de Ebro y los de la Intendencia de Soria” y que puede considerarse el germen de la actual Denominación de Origen Rioja.
La finalidad de esta Sociedad era la de “facilitar la extracción del vino”, y de ahí su lema “prosperarás extrayendo” y para ello se tomarán medidas para mejorar su producción, aunque sin perder de vista el resto de la producción agrícola.
Su primer objetivo será la construcción de un camino que permita el paso de las grandes galeras, carros tirados por mulas capaces de transportar 6 u 8 bocoyes de 48 cántaras de capacidad cada uno y que invertían dos semanas en el trayecto de ida y vuelta hasta Santander para su exportación desde allí en barco al mercado inglés.
Para ello se construyen puentes como el de Torremontalbo sobre el Najerilla (que hoy en día todavía se utiliza y en el que se encontraba un gran escudo de piedra de la Sociedad que hoy preside la entrada del Museo de La Rioja), se arreglan caminos como la vieja calzada romana, lo que hoy es el Camino Viejo de Logroño, y se construyen asilos y hospitales.
Para financiar estos proyectos, se obtiene el privilegio real del cobro de arbitrios por el uso del camino y la unificación de pesas y medidas para facilitar el comercio entre las diferentes regiones.
La Real Junta, como se le conocía popularmente, consiguió con su esfuerzo abrir las puertas para la comercialización y exportación del vino de Rioja, sentando las bases de lo que hoy es la actual denominación de origen y siendo el primer precedente de un intento de organización político-económica de lo que hoy es La Rioja.