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FUENMAYOR · PERSONAJE ILUSTRE

Lucas Rubio Murillo

Lucas Rubio Murillo en Fuenmayor

Bienvenido a Fuenmayor.
Nos encontramos frente a la casa número 13 de la calle Petra Fernández de Bobadilla, una vivienda cargada de historia y de memoria colectiva. Aquí vivió y trabajó durante gran parte de su vida Lucas Rubio Murillo, un hombre querido y respetado por todos: practicante, comadrón, cazador, padre y vecino ejemplar.
Lucas Rubio Murillo nació en Fuenmayor el 18 de octubre de 1889, en una de las zonas más antiguas del pueblo, la Plaza de la Fuente. Era hijo de Timoteo Rubio y Cesárea Murillo, y todos sus antepasados también eran naturales de Fuenmayor. Por línea paterna, sus abuelos fueron Patricio Rubio Fernández y Tomasa Torrealba Grijalba. Por línea materna, Tomás Murillo de Marcos y Juliana Asensio Gracia. Lucas creció en una familia profundamente enraizada en la vida local y en los valores del esfuerzo y la dedicación.
Desde joven sintió vocación por el cuidado de los demás. Estudió en la Universidad de Barcelona, donde el 21 de junio de 1912 realizó su examen de reválida. Gracias a ello, pudo presentarse a la plaza de “Ministrante titular” de Fuenmayor, convocada oficialmente en noviembre de 1913. Con solo 24 años, comenzó a ejercer el 13 de noviembre de 1913, y tomó posesión formal de su plaza el 1 de agosto de 1914. Su sueldo anual era de 250 pesetas, pagaderas por trimestres vencidos.
Durante más de 44 años, exactamente 44 años y tres meses, fue el practicante y comadrón titular de Fuenmayor, desde 1913 hasta su jubilación el 31 de marzo de 1958. Aunque oficialmente se retiró, nunca dejó de ayudar. Continuó atendiendo a los vecinos de forma altruista hasta poco antes de su fallecimiento, el 2 de abril de 1975, a los 86 años. Su trabajo era constante. No conocía festivos ni vacaciones. De día o de noche, con frío, nieve o calor, acudía donde se le necesitara: a pie, en burro o en bicicleta. Atendía partos, curaba heridas, suturaba, extraía muelas, aplicaba inyecciones y consolaba almas.
En su acta de toma de posesión se especificaban todas sus funciones: debía atender a las familias pobres designadas por el Ayuntamiento y cumplir con precisión tareas como colocar vendajes y apósitos, realizar masajes, baños terapéuticos y curas de todo tipo. Colaboraba también con las autopsias y, en algunas ocasiones, realizarlas de forma independiente. También cateterismos, sangrías, ventosas, anestesias, vacunaciones, asistencia a partos y primeros auxilios en casos de asfixia, fracturas, envenenamientos o heridas. Aunque oficialmente debía actuar bajo la dirección del médico titular, todos sabían que en la práctica Lucas Rubio realizaba la mayoría de los procedimientos por sí mismo, con gran destreza y humanidad. 
Su labor se extendía más allá de Fuenmayor. Atendía también en pueblos cercanos como La Puebla de la Barca, Moreda, y en el barrio de la estación. Si la distancia lo exigía, no dudaba en pasar la noche en casa de los enfermos o de las parturientas. Para las familias humildes, su ayuda era un regalo: a menudo le pagaban con gallinas, huevos o productos del campo. Pero su verdadera recompensa era la gratitud de sus vecinos.

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