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La iglesia rupestre de San Vicente, más conocida popularmente como “Cueva de los Moros”, forma parte del importante conjunto rupestre existente en la Montaña Palentina y en el sur de Cantabria, que tuvo su mayor apogeo en los primeros siglos de la Edad Media. Se encuentra en el camino que desde Cervera conduce a la localidad de Vado, cerca de la confluencia de los ríos Pisuerga y Ribera, en un lugar que invita al paseo y recibe el nombre de Vallejera

Lo más llamativo de su conjunto es su extraño aspecto, alejado sin duda de cualquier imagen preconcebida de una iglesia y la singularidad de su forma exenta. Se trata de un modesto santuario excavado en un promontorio de roca arenisca. Interior de unos 30 m2, de los cuales 5m2 son de tránsito y 5m2 de un pequeño habitáculo tallado en la zona norte que pudo ser sacristía. A pesar de su minúsculo tamaño, está bien compartimentada.

Zona de altar con ábside cuadrado, elevada sobre el Presbiterio por un pequeño escalón, acceso al coro mediante una puerta independiente orientada al sur y se separaba de la zona de los fieles por medio de un cancel alto, cuyas entalladuras en la roca, para colocar las vigas, son aun perfectamente identificables. El acceso al tercer espacio donde se ubicaban los seglares, se debió de realizar por una segunda puerta de mayor tamaño situada al este en paralelo al ábside de mampostería hoy desaparecido. A cada uno de los lados de la construcción se aprecian  dos arcosolios muy deteriorados. En la zona norte se encuentra un pequeño habitáculo que pudo servir de sacristía o ser el fondo de una cueva natural. A corta distancia de la puerta de entrada hay una fosa excavada de grandes dimensiones que pudo emplearse para almacenar grano, o a modo de lagar para la obtención del vino, pues sobre este existe una sepultura que quizás fuera la pileta donde se exprimía la uva ya que tiene un agujero practicado para verter el líquido dentro del gran receptáculo antes mencionado que sería el torco para la recogida del mosto, un rebaje que tiene en todo su perímetro serviría para poder encajar diversas maderas para tapar el producto.

 

La ermita está rodeada de una necrópolis, fechada entre los siglos VIII y IX, que cuenta con una veintena de tumbas excavadas en la roca, de tipo antropomorfo, de las que pueden verse actualmente una decena. La ermita y la necrópolis formaron parte de un pequeño complejo monástico que contaría con otros edificios de los que no se aprecian evidencias. En la Baja Edad Media se construyó en una pequeña explanada al sur, una ermita románica que pervivió hasta mediados del siglo XIX, cuando fue abandonada definitivamente.

La particularidad de esta iglesia rupestre es que aparece documentada como iglesia del lugar de Cervera “foris monte” en el Pacto Fundacional del Monasterio de San Pedro y San Pablo de Naroba (Tollo, Cantabria) del año 818. Esta iglesia dedicada a San Vicente, mártir hispano capturado y torturado bajo el mandato de Diocleciano, acogió entre sus paredes excavadas en roca, al abad Arias y a sus compañeros Trásico y Flavio. El singular documento, fechado en tiempos del rey Alfonso II de Asturias, convierte a la iglesia cerverana en el único eremitorio rupestre avalado con textos coetáneos al período de ocupación, arrojando luz sobre el fenómeno eremítico.

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